10 razones por las que nos encanta la Navidad

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Como dicen los de Supersubmarina: “Diciembre está al llegar se nota ya el ambiente en la ciudad”. Y es que se nota la Navidad en el aire y Xmas is all around! Es una época que a mucha gente le da nostalgia o que no les gusta nada porque han tenido malas experiencias o simplemente no les gusta comprar regalos. Pero la Navidad tiene algo que mola demasiado como para caer en el cliché de odiarla.

Así que ahí van, ¡las 10 razones por las que nos encanta la Navidad!

1. Las luces, las decoraciones, los adornos...

¿Qué decir? Que todo está mucho más bonito. Pasear al anochecer por la ciudad, con todas las lucecitas, es como de cuento. Hace el cambio de hora y la llegada del frío muchísimo más llevadero. De hecho, llevo años pensando en hacer un Change.org y que no quiten las luces en todo el invierno, que las alimenten de placas solares para ser sostenible, pero que no le quiten el encanto. Y bueno, si vives en Cataluña, tu deporte nacional será asustar a los guiris explicando qué es el Caganer y el Caga Tió.

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2. El turrón

¡Es esa época del año en la que hay TURRÓN! ¡Del tipo que quieras! Comer y beber todo lo que te apetezca está permitido, desde las 12 del mediodía hasta que el cuerpo aguante. En esos días y en las bodas es cuando tienes el privilegio de ver a la tía de Cuenca achispada y a la abuela ataviada hasta arriba con todo lo del cotillón. Qué queréis que os diga, seré una golosa pero al turrón de jijona con chocolate de Vicenç no me resisto (y que conste que esto no está patrocinado).

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3. La gente vuelve a casa por Navidad

Igual que el turrón. Y no hablo solo de la familia o el primo que vive en Londres. Sino a los amigos que están lejos o no tan lejos, pero todos deciden pasar unos días en su lugar de origen. Y puedes reunirte de nuevo con tus amigos de la infancia, con aquella gran amiga que vive tan lejos o con los que aunque viven cerca, solo encontráis el momento de reuniros en Navidad. Lo mejor de todo es cuando al reunirse, es como si no hubiera pasado el tiempo. Para mi es eso signo, de verdadera amistad.

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4. Los jerséis navideños

En las reuniones de estas fiestas está permitido hacer concursos de jerséis feos y horteras que solo te pondrías por Navidad. A cada cual más ridículo, más chillón y más navideño. Mi objetivo de este año es encontrar alguno con luz y música incorporada. ¡Ya os informaré de mis hallazgos! Prometo foto.

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5. Los brillos

Porque en Navidad el brilli brilli está más que permitido. En realidad, es casi obligatorio. No sé si a vosotros os pasa, pero en el momento en el que pongo el árbol en casa, me paso un mes en la que todas mis pertenencias están llenas de purpurina plateada. Parezco un hada madrina muy atareada. ¡Pero me encanta! Eso sí, lo de llevar el glitter a los estilismos de Fin de Año, ya lo dejamos para otro post.

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6. Los mercadillos de Navidad

Bien ataviada con un buen jersey caliente y navideño y con las mejillas llenas de purpurina porque te has chocado antes de salir con la figurita de estrella número 87 que tienes por casa, te diriges a un mercado navideño. Si no le véis la gracia, daros una vuelta por Alemania durante estas fechas: los adornos tradicionales, hechos a mano, decoraciones y el Glühwein. Que en realidad es demasiado dulce, y no lo beberías bajo ninguna otra circunstancia, pero en un mercado de Navidad, incluso apetece.

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7. Los villancicos

En esos mercados de Navidad no paras de escuchar villancicos, y en el momento te parecen encantadores. Siempre he pensado que hay tres tipos de villancicos: los niños chillones que cantan sobre algo que se remendaba y ponen en modo loop en El Corte Inglés (no gracias), los clásicos de Frank Sinatra del Starbucks que me encantan y son muy Navidad clásica y elegante, y lo que es mejor: el disco navideño de She & Him. Su versión de All I Want for Xmas is You del último álbum es sublime.

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8. Los juegos de mesa

Cada familia tiene sus tradiciones, pero en general siempre incluyen algún juego de mesa con el que amenizar los turrones, el cava y la sobremesa. Una amiga tiene un parchís de 8 jugadores. Hay quien juega a cartas. Pero en mi familia que somos un poco ludopatillas y el juego estrella es el bingo. No hay año en el que no se repita la escena en la que la abuela no oye los números y va marcando lo que le da la gana. El primo avaricioso que va a 4 cartones por partida, que a 5 céntimos el cartón es una fortuna. Y marcar los cartones con garbanzos cuando se acaban las fichas. Garbanzos que por cierto, espero que nunca acaben en una sopa.

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9. Love Actually

Lo que sí que no falla todos los años y es uno de los pilares fundamentales de la Navidad de la mayoría de personas, es ver Love Actually por lo menos una vez durante esas fechas. Si hasta el insoportable Hugh Grant resulta adorable en esa película. Es una película enternecedora, sin llegar a ser demasiado pastelosa. Habla sobre las diferentes formas y etapas del amor, a todas las edades y en circunstancias de lo más variadas. Y nunca jamás vuelves a ver la zona de llegadas de los aeropuertos de la misma manera.

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10. Ramón García y su capa

Y por último, pero no por ello menos importante: Ramón García y su capa. ¿Quién no ha querido una para sí mismo? En mi casa teníamos a mi padre con su smoking a lo James Bond, que la verdad daba mucho el pego. Este año lo vamos a echar muchísimo de menos. Por favor, ¡campaña para que no haya campanadas sin capa!

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Si después de leer todo esto, seguís odiando la Navidad, sois el Grinch. Pero bueno, tiene que haber de todo y hay que ser tolerantes. Yo de momento voy a empezar con el calendario de Adviento y a hacer la cuenta atrás para la mejor época del año (con permiso del verano, claro).

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