Odisea en las Rebajas y su maldita ley de Murphy

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Llega enero, te pones a día 7, y comienzan oficialmente las Rebajas. Y tú, como buena fashion addict que eres, te dices aquello de “año nuevo, vida nueva y montones de ropa”, pero entonces te das cuenta que las Navidades han pasado y has vivido muy felizmente por encima de tus posibilidades: regalos, algún capricho, cenas, algún capricho, fiestas, algún capricho, amigos invisibles, algún capricho…  Y así vas pasando tu tarjeta de crédito por manos incontables de desconocidos que se cobran tus nuevas adquisiciones. Y tú, mientras tanto, no puedes parar de sonreír con sonrisa bobalicona, porque (en ese momento) vives en tu mundo de yupi y te parece estúpido bajar a la realidad. Pero enero… ¡ah, enero! Por algo te llaman “la gran cuesta”. Y no por nada. ¿Será que tendrás que esperarte hasta febrero para acudir oficialmente a las Rebajas?

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A veces te preguntas quién co***** era Murphy y su mierda de ley que todo lo fastidia. Y no puedes evitar cagarte en su familia y todos sus antepasados. “Si algo puede salir mal, saldrá mal…” Ñe-ñe-ñe-ñe-ñe. Ya lo decía La Vecina Rubia: cuando tienes dinero, no hay nada que te guste; cuando te ves sin un duro, te comprarías hasta los maniquíes del escaparte. ¿Por qué, Dios mío, POR QUÉ? Y, por supuesto, y como no podía ser de otra manera, lo mismo te pasa en época de Rebajas. Esto es asín. Todas tus esperanzas puestas en ellas para… ¡¿qué?!

Analicemos algunas de las situaciones más típicas.

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La indecisa

Ves algo, no lo compras por-si-acá ves otra cosa mejor (mejor es siempre más barato, para qué engañarnos), te lo piensas y te lo requetepiensas. Vale. Decidido. Vas a por ello. Y entonces… YA no está de tu talla, YA se ha agotado, la señora de delante YA se ha llevado el último, en el probador YA sólo les queda uno con rotito y manchas de maquillaje… Y, aun así, querida, te lo sigues pensando. Ains…

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El engañabobos

Ves una prenda. No la estabas buscando. O sí, nunca se sabe. El caso es que te enamoras de ella y la quieres. La deseas. Oyes cómo te llama. ¿Te está poniendo ojitos? Sabes que sí, guapi. El caso es que te la llevas a casa súper autoconvencida de que era lo que querías. Tan feliz. Y tan campante. Y entonces te la pruebas y te das cuenta de que esa prenda maravillosa no te favorece en absoluto; o es de tu talla, pero no es de tu talla (ya me entiendes); o te das cuenta que has engordado y ya no usas la 40; o “Dios mío la quiero, pero no tengo nada en mi armario con la que combinarlo”. ¿En serio? ¿Me lo dices o me lo cuentas?

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La “lista” de la lista

Eres súper organizada, hasta te haces una lista con lo que necesitas, y esto incluye el presupuesto que tienes pensado gastarte. Pero ya sabemos que las Rebajas son golosas y al final una acaba con mil cosas que le han seducido y ninguna de las que tenía pensado comprarse. ¡Ale, a volver a otro día a por lo que tenías apuntado! Pero esta vez con venda en los ojos y tu madre por detrás para darte una colleja.

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Y, por último, la que más me jode a mí.

La impaciente

Sales, lo ves y te lo compras ya, de una. ¡No vaya a ser que te quedes sin ello! Eres justo al contrario que la indecisa. Tu problema: tienes tantas ganas de estrenar tu nueva adquisición que te la llevas puesta desde la misma tienda. Y entonces pasan los días y llegan las segundas y terceras Rebajas y ves esos mismos jeans, encima de tu talla, rebajados otro 50. ¡OMG! ¿Por qué no me esperaría? ¿Por qué le quitaría el ticket y me los pondría?

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Lo que yo decía: odisea en las Rebajas y su maldita ley de Murphy…

¿Que no?

Imágenes y gifs vía

Deviant Art, Pinterest, Giphy.com, Blogjob, Glamour

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