Olvídate de Tinder y vete a un bar

Partimos de la base de que cada ser humano debería hacer lo que le venga en gana siempre que no perjudique a nadie de forma deliberada. Y siempre que tenga consciencia y coherencia en sus actos. A Tinder le digo: no gracias, Prefiero irme a un bar. Que sí, que cuanto más mayor te haces, más difícil es conocer personas nuevas. A los del trabajo ya casi no los soportas y has agotado posibilidades con amigos de amigos. Y estas harta de que te organicen las odiosas citas a ciegas. O lo que es peor, que una amiga te presente de este modo:  “Hola, esta es mi amiga Mireia y es soltera”. Gracias, querida, por hacerme ruborizar a niveles estratosféricos. Aquí, ni buena intención ni leches.
Viendo el panorama, probar opciones como ligar por internet suenan de lo más tentador. Mucho más que irse a un bar. Y puede que funcione. Aunque no puedo hablar por experiencia propia, a la vista está que funciona. No solo para encuentros eventuales y one night stands, sino para construir bonitas historias de amor con compromiso. Pero, ¿sabéis lo que me pasa con Tinder? Pues que, por escrito, es muy fácil percibir una personalidad muy diferente a la real. Es fácil no mostrarse del todo, mostrar solo una máscara y crearse unas expectativas erróneas de la persona. Y lo más importante para mí: por chat, no puedes mirar a la persona a los ojos, no la puedes ver gesticular, moverse. Y eso hace muy complicado activar lo que a mí me gusta llamar el radar anti-psicópatas. Cree en ti y en tu intuición. No te fíes de quién no te mira ni por un momento a los ojos cuando te habla o de quién no te da buenas vibraciones.

No puedo dejar de imaginar que, detrás del teléfono, puede haber algo así… HORROR.

Por eso, siempre estoy animando a todo el mundo a que se vaya a un bar a conocer gente. Sé que hay otras opciones: apuntarse a actividades, practicar una afición en grupo, un curso, un meetup… Pero lo de ir a un bar tiene un punto de espontaneidad dentro de la cotidianidad que lo hace especial. Podéis pedir un té, no es cuestión de alcoholismo. Es cuestión de buscar entornos sociales que faciliten una interacción sencilla y saludable.

Pruébalo y te sorprenderás

Ya verás. Ve esta noche a un bar (si es cuqui mejor) tú sola, a ver qué pasa (y luego me cuentas). Habrá días que vuelvas sola y sin haber hablado con nadie. Habrá días que acabarás a las 7 de la mañana aunque te vayas sola a casa (probablemente tendrás algún que otro número de teléfono interesante). Y habrá días, que bueno… que no dormirás sola (con suerte, durante días). Porque, por lo menos a mí, si me lo he pasado bien, me gusta repetir.
Sé que es difícil. Da vergüenza. Te sientes un poco tonta y pasas por algunas situaciones un poco de “tierra, trágame”. Pero todo es ponerse y siempre se mejora con la práctica. La cosa es hacerlo con progresión. El primer día te vas al bar con algún escudo o ayuda. Un libro interesante, una libreta (queda muy de intelectual guay, os lo digo) o el teléfono (aunque es un poco más mainstream e invita menos a la conversación).

Esa risita nerviosa la primera vez que vas a acercarte a hablar con alguien.

Intenta establecer contacto visual con las personas que veas en el bar te parezcan interesantes. Sonrisita por aquí, miradita por allá y casi lo tienes. Aunque sea un poco de stalker, escucha las conversaciones ajenas (con medida). Y si ves que puedes aportar algo, hazlo. Aunque sea con una bromita. Lo peor que puede pasar es que no respondan o que te manden a tomar vientos. Pero si lo haces con estilo y gracia, te digo que eso no pasa. Te sorprendes de lo bien que reacciona la gente. Créeme. En un año de práctica, 100% de buenas respuestas.
Entre algunas experiencias geniales incluyo la vez que me fui a desayunar con las chicas que había conocido en la cola del baño del bar ya a eso de las 7 de la mañana. Al amabilísimo señor que me hizo una ruta turística a media tarde por los rincones de San Luis Obispo. Al chico que veraneaba en Lloret de Mar y supo que era catalana con solo decir una palabra. O a la chica que ha acabado siendo una gran amiga.
Diferentes historias, contextos y aprendizajes, con diferentes finales, pero todos ellos muy enriquecedores. Siempre que un amigo o una amiga lamenta que no conoce a gente nueva, les sugiero que prueben de ir a un bar. Me suelen contestar “Eso te funcionará a ti, bonita”. Pero yo insisto, creedme, probadlo, y empezad a expandir y a acumular experiencias. Lo peor que puede pasar es que acabes coleccionando un buen número de anécdotas e historias.
Venga, ¿cuándo vas a tomarte unos vinos tu solita? Y a ver qué pasa. 
Imágenes | Youtube, Etsy, Virtantiq, Giphy

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