Es sexismo, pero no digo nada

En mi lugar de trabajo, soy la única mujer, a parte de la CEO, con un puesto de responsabilidad. Sin entrar en detalles, soy responsable de la gestión del mercado español. Los responsables y personal de ventas del resto de mercados son todos hombres. Todo el personal de administración, almacén y limpieza son mujeres. Hasta aquí, a parte de una ligera división sexual del trabajo, no debería pasar nada, ¿verdad? ¿Sexismo, anyone?
Soy la única persona de ventas y marketing que sabe utilizar el programa de administración (y que lo utiliza cuando hay mucho trabajo o para acelerar procesos). Los demás, varones, delegan. Soy la única del grupo que recoge las tazas cuando hay cursos o invitados en la oficina. Soy la única que pone o quita el lavavajillas. Además de mí, solo lo hacen las administrativas o la CEO. ¿Lo llamamos ya sexismo?
Soy la única de mi departamento que me pongo con las administrativas a hacer cajas si falta personal en almacén. Pero, encima, soy criticada por mis compañeras. Criticada por llevar la falda demasiado corta, o simplemente por llevar falda, tacones, vestido y por tener una buena relación con mis compañeros. Pero no digo nada. ¿Soy la única que ve sexismo?
Mis éxitos profesionales son achacados a que soy mona. O, lo que es peor, a que me he tirado a alguien. Por casualidad, mi jefa, la única mujer con responsabilidad en la empresa, es homosexual. Por lo que, si me trata bien, obtengo una promoción o me felicita por mi trabajo, para mis compañeros, no es que me lo merezca, es que le parezco adorable. Lo peor de todo, es que he llegado a culparme por ello, por el sexismo. Pensando que a veces soy demasiado buenaza, que me gusta hacer las cosas bien, ayudar y trabajar en equipo. Simplemente soy así y las cosas pasan.
No niego mi posible atractivo y adorabilidad. Estoy encantada conmigo misma, mis defectos y virtudes. Sé que molo un montón. Pero esa no es la cuestión. El tema es que, como siempre, son gestos y detalles demasiado pequeños y sutiles como para mencionarlos o hacer nada al respecto. Micromachismo le llaman. Sexismo le llamamos nosotras. Pero sumados son una muestra más del terrible machismo que sigue presente hoy en día y que, lamentablemente, viene también de parte de mujeres. Cosa que no me puede doler más.

Pero ya está bien, es hora de reaccionar

Y yo, que a veces soy demasiado dulce, pues no digo nada, porque no se me ha enseñado a decir nada. Se me ha enseñado a ser buena, dulce, educada, complaciente, simpática y sonriente. Cualidades que, por otro lado, me encantan, me parecen maravillosas e intento potenciar. Porque el mundo es un lugar precioso y lo mejor que podemos hacer es ser amables con los demás y cuidarnos mutuamente. ¿Qué se le va a hacer? Creo en la bondad de las personas.
Así que hago caso omiso a los comentarios sobre el largo de mis faldas, aunque las sigo llevando lo cortas o largas que me de la real gana, pero no digo nada. Oigo los comentarios sobre si consigo buenos resultados porque me acuesto con personas, pero no digo nada. Me sigo maquillando y poniéndome mona los días que me apetece, aunque digan que lo hago para agradar a mis compañeros varones y distraer la atención, pero no digo nada. Y estoy segura que no soy ni muchísimo menos la única mujer, que pasa por este tipo de situaciones sexistas y no dice nada. Y esto pasa en Holanda, amigas, un país considerado avanzado y pionero en la aceptación de muchos derechos. Pero que tampoco es tan diferente al final. No quiero ni pensar en cómo debe ser en países más conservadores.
Pero ya está bien. Me encanta sonreír pero me estoy cansando de poner una sonrisa o una cara bonita a estas situaciones. No me gusta enfadarme, no me gusta dramatizar, pero a veces es necesario. Así que, aunque no se muy bien cómo hacerlo, pienso empezar a reaccionar ante el sexismo. Se aceptan sugerencias. 
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