Vivir en Holanda: lo bueno y lo malo de vivir entre tulipanes

Ahora que justo acabo de dejar mi piso de Holanda, me entra la nostalgia. El consuelo es que voy a seguir estando allí por lo menos una semana todos los meses. Más que suficiente de lluvia, frío y frikandel speciaal.
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Esto es Holanda: una mezcla de bicis y tulipanes

Aterricé en Holanda, o mejor dicho: en los Países Bajos, en junio de 2014. Llegué sin haber pensado demasiado en lo que me iba a encontrar y pensando que el proceso de adaptación sería pan comido. Y que incluso la lluvia no sería tan molesta. Pobre ilusa. Pues como muchos de los que estamos en el norte y el centro de Europa, no nos acostumbramos ni al frío ni a la comida… Pero no es todo malo, y de hecho ya sabemos que se aprende mucho. Así que en honor a todo este tiempo en el país de los tulipanes, ahí van 5 cosas que me gustan y 5 que no me gustan de Holanda.

Las 5 cosas que más molan de Holanda

La gente es directa

Aunque se suele ver como algo malo. En realidad, que la gente no se ande con rodeos facilita mucho las cosas a la hora de trabajar. Te dirán sin miramientos lo que haces bien y lo que no, sin importarles herir sensibilidades. Al principio choca un poco pero, a la que te acostumbras, es muy útil poder ir al grano, y luego tan amigos. En el plano personal, agiliza un poco las cosas pero a veces le quita la magia. Y bueno, a veces te quedas con una cara un poco así…
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Su amor por el sol, la cerveza y el terraceo

Llegando al punto extremo de que pueden estar a bajo cero, con el abrigo, bufanda, mantita y calefactor, tomando sus copas a la fresca. Y es que, si te gusta la cerveza, podrás disfrutarlas en sus múltiples variantes, tipos y modalidades. Si hace sol, las calles se llenan de gente, sin importar que sea lunes. Todos a disfrutar del solecito, con su consecuente moreno cangrejo a la hora de exposición.
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La bicicleta como una extensión de tu cuerpo

¿Por qué andar si puedes pedalear, verdad? Lo que más me impresiona es su obstinación, llueva, nieve o truene allá van con sus fiets, cuanto más viejas y grandotas mejor. Y con freno de pedal, por supuesto. No hay que sofisticar la bicicleta si no hay cuestas, ¿verdad?
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¡Lo normal una tarde de domingo!

El concepto de Gezellig

Si hay una palabra que me gusta por encima de todo es esta: gezellig. No tiene traducción, quizás lo más cercano es decir acogedor, pero tiene más aplicaciones. Significa estar a gusto en el lugar donde estás, ya sea porque has puesto unas velitas aromáticas en casa y te estas tomando un té caliente mientras lees mirando a la chimenea. O estar pasando un buen rato tomando unas cervezas con unos amigos. Me encanta la idea, sus múltiples aplicaciones y que valoren tanto los ratos de estar a gusto, ya sean individuales o en grupo.
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¡A eso le llamo yo, eficiencia lingüística!

Su desapego

 Ya sea parte de la influencia calvinista o protestante, o por otros motivos, no parecen estar apegados a nada en exceso. Son muy independientes. Se mudan, se cambian de ciudad sin problemas. Cogen los bártulos y se van un año a recorrer el mundo con una facilidad que me deja pasmada. Algo de lo que intento aprender.

Pero no es oro todo lo que reluce

También tienen sus cosillas, mejorables, por así decirlo.

Son muy individualistas

Es el efecto colateral del desapego excesivo. Tienen muy incorporada la idea de que cada uno tiene que sacarse sus propias castañas del fuego. Lo que por un lado puede ser bueno, porque les proporciona independencia y desapego, hace que sean algo menos empáticos y compasivos. De hecho, no suelen ofrecer mucha ayuda y solo la prestan, muy amablemente eso sí, cuando la pides.
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La cultura gastronómica

Por lo menos no hablo del tiempo, pero es que la comida es un drama. Partiendo de la base de que para ellos comer es una cuestión funcional necesaria más que un disfrute. Por lo tanto, hay que invertir el menos tiempo posible. Una de las cosas más inquietantes que he visto es su concepto de sándwich y variedad de cosas untables en el terrorífico e incomprensible pasillo central de los supermercados. ¿Por qué comer una ensalada si puedes triturarla con un poco de mayonesa y untarla en pan? ¡Ole tú!
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Broodbeleg… Que apetecible, ¿verdad?

 

Las distancias

O así es como llama un sabio amigo mío a una locura urbanística. Las ciudades holandesas están desparramadas. Es decir, construidas de modo que no hay grandes aglomeraciones ni de comercios ni de viviendas, ni edificios altos. Las tiendas están concentradas en núcleos comerciales, los edificios son de pocas plantas y los bajos son vivienda. Por lo que no hay tiendas de barrio ni comercios. Todo está muy lejos para ir andando, pero a una distancia razonable en bicicleta.
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Los horarios

A las horas de comida y cena (12:30h y 18h respectivamente) aún me adapto, al final terminas comiendo cuando toca o cuando tienes hambre. Pero a lo de los horarios comerciales es que no hay manera. Las tiendas cierran a las 17-18h todos los días, con lo que si entre semana necesitas algo, más te vale correr al salir del trabajo. Por lo menos los supermercados abren hasta tarde y en general los domingos esta todo abierto de 12 a 17h. Al final simplemente compras menos, pero el bolsillo no lo nota porque te lo gastas en beber cervezas, que es lo que se hace cuando cierran las tiendas.
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Las prisas

Todo debe ser para ayer, ya, eficiente, rápido… Y con tanta prisa, van todo el día nerviosos e irritados… Hasta el punto que no estiran después de hacer ejercicio porque les parece una pérdida de tiempo. Una monitora del gimnasio que me vio estirando, me pregunto si estaba haciendo yoga… Ejem… Sin comentarios.
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Pero pese al mal tiempo, la comida y sus cosas, hay que disfrutar la experiencia. Vivir fuera es una de las cosas mas enriquecedoras que puedes hacer. ¡Así que vamos a dejar que la aventura continúe!
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